Echinocactus grusonii

"Una especie endémica de México. Su estructura esférica es coronada con espinas doradas que le brindan un aspecto seductor"

Quiénes somos

Nos sentimos orgullosos de ser mexicanos, de creer en el valor de lo que nuestro país produce, de igual forma nos gusta el diseño, la propuesta y todo aquello que cautiva la vista.

Hacemos nuestra la tarea de rescatar y promover el Echinocactus grusonii una planta milenaria, originaria de nuestro México y que goza de gran reconocimiento internacional por dos aspectos fundamentales:

1) Su fácil mantenimiento ya que no necesita cuidados especiales, por el contrario sobrevive en condiciones muy áridas.

2) La belleza de su forma. Su estructura esférica coronada con espinas doradas le brindan un aspecto seductor, ideal para los amantes de la decoración y el buen gusto.

A esto nos dedicamos, esto es lo que atesoramos.

Somos Grumex.

Los orígenes remotos

Está usted a punto de entrar al fascinante mundo de las cactáceas. Lo primero, es preguntarnos de dónde viene el nombre. Como ocurre en estas aventuras hay varias pistas a seguir. La palabra cactus deriva del griego káctos y se sabe que fue utilizada por el filósofo Teofrasto para nombrar un cardo espinoso que crecía en la isla de Sicilia. Existen también referencias que nos llevan a poetas de la antigüedad como Teócrito de Siracusa y Filetas, nacido en la isla Cos.

La palabra pasó al latín como cactus a través de Plinio el Viejo quien en su Natura Historia, retoma la expresión de Teofrasto.

De cactus se brinca a carduus y de ahí a cardo en la lengua española.

Se sabe que en la edad Media, a la alcachofa, se le llamaba cactus. Esa palabra fue la que utilizó Carlos Linneo, el gran botánico de la Ilustración, en 1753, en la cual agrupó a 22 plantas que hoy se consideran dentro de los géneros de la familia Cactaceae. Pero la historia se complica, hay otros antecedentes.

Aunque la palabra nos remite a Europa y a sus grandes botánicos, lo curioso del caso es que la planta es endémica del continente americano, de hecho hay quien remite para su aparición a 40 millones de años.

Se sabe que a partir de la separación de lo que hoy es el continente africano del americano, las cactáceas quedaron en la porción americana, salvo muy notables excepciones. Dos botánicos de gran prestigio (Alfred Gibson y Park Nobel, 1986) afirman que esta familia de origen americano apareció hace 80 millones de años.

El grupo de las cactáceas lo conforman cerca de 2 mil especies que habitan en los territorios americanos desde Canadá hasta la Patagonia y desde el nivel del mar, pasando por dunas costeras a más de cinco mil cien metros de altura sobre el nivel del mar en el territorio del Perú.

Comúnmente se ubica a las cactáceas en las zonas desérticas, y es correcto hacerlo, pero lo asombroso de esta familia es que puede adaptarse a muy diversas condiciones. Igual sobrevive a la nieve y a temperaturas extremas bajo cero, como a las sequías de las zonas desérticas. En ocasiones sobreviven sin lluvia por varios años. Es por eso que el mundo admira cada vez más a esta maravillosa familia cuya capacidad de adaptación es asombrosa.

La botánica y las cactáceas.

Quizá por la antiquísima división de los continentes el europeo y el americano y la nula relación entre ambos mundos por mucho tiempo, es que las cactáceas ocupan muy poco espacio en los trabajos de los botánicos pioneros de Europa. Teofrasto, discípulo de Aristóteles, considerado el padre de la botánica, difícilmente podía conocer cactáceas.

Este vacío de información sobre las cactáceas se prolongó durante muchos siglos. La botánica se desarrolló lentamente en Europa como una disciplina científica separada de la herbolaria y de la medicina. Los catálogos y tratados de botánica abundan en Europa y los llamados naturalistas europeos fundaron las primeras academias después de que aparecieron las obras de Galileo, Kepler, Bacon y Descartes en el siglo XVII, considerados los padres de la ciencia moderna.

Así nacieron las primeras academias que les permitieron a los naturalistas europeos intercambiar ideas e información.

Joachim Jungius fue uno de los pioneros de la incipiente disciplina, la botánica. Matemático de origen y después filósofo, Jungius, nacido en Lübeck, Alemania, en 1587, se convirtió en naturalista después de pasar por la medicina.

En 1623 fundó la primera sociedad de historia natural en el norte de los Alpes donde siguió interactuando entre las distintas disciplinas. Contemporáneo de Kepler y Descartes es considerado uno de los padres de la botánica.

Quizá fue el rigor de las matemáticas y de la filosofía lo que lo llevó a introducir exactitud y claridad en los términos y definiciones, claras y por eso se le considera el fundador del lenguaje científico.

John Ray nacido en 1627 en Essex, fue un naturalista inglés considerado también el padre de esa disciplina, sobretodo en Inglaterra. Estudió en Cambridge de dónde salió por ser puritano. Ray publicó un gran número de trabajos y en 1682 apareció su metodología taxonómica, que introdujo la especie como unidad básica de la botánica.

También dividió a las plantas en monocotiledóneas y dicotiledóneas. A él se le debe la introducción sistemática del latín en la rama de la botánica. Fue él quien también comenzó la catalogación de las plantas con semilla a partir de la estructura de esta última. Es así como llegamos a Carl von Linneo

Linneo y la modernidad
“Al dios eterno sabio y omnipotente le he visto cómo se pasea delante de mí y he permanecido confundido. He descubierto algunas huellas de sus pasos en sus obras. Aún en los más pequeños. ¡Qué sabiduría! ¡Qué poder! ¡Qué inexplicables perfecciones hay!”.

Así expresa Linneo su pasión por la vida. Hijo de un ministro de la Iglesia que disponía de un amplio jardín, Linneo nació en Suecia en 1707. Según sus biógrafos fue ese jardín el que alimentó su curiosidad por la botánica. Linneo estudió medicina pero y posteriormente se trasladó a Uppsala, porque en la universidad de esa ciudad se disponía de mejores jardines y especialistas en botánica.

Linneo detectó errores en las clasificaciones de su época y fue por ello que decidió crear un método propio, la nomenclatura binómica. En 1735 publicó su Sistema Naturae (Sistema Natural), que sería su primera aportación taxonómica para los reinos animal y vegetal. Linneo fue el primer impulsor de la Academia Sueca de las Ciencias. A la larga, dejaría la práctica médica para dedicarse de lleno a tareas de clasificación.

La lista de botánicos europeos es larga y muy rica, allí está el botánico español José Celestino Mutis, el biólogo y zoólogo francés Jan Baptiste Lamarck y muchos más. Y, entre los botánicos paisanos más destacados, no olvidemos al explorador mexiquense José Mociño. Pero regresemos a nuestro tema, ¿tuvieron acceso a las cactáceas?

El gran misterio

Entre más conocen los científicos a las cactáceas más admiración les provocan. Es a partir de ahí que los investigadores voltean cada vez más hacia las cactáceas y a su contenido genético. Las cactáceas que se han encontrado en África son otro ejemplo de supervivencia. Se especula que sus semillas pueden haber viajado a lugares como Madagascar siendo transportadas por pájaros.

También, que las corrientes marinas hayan llevado troncos en que viajaron o semillas o plantas que sobrevivieron a todas las inclemencias imaginables. Sin embargo, todos los biólogos de renombre internacional coinciden en que su origen se encuentra en América y que la evolución de esas plantas se puede rastrear en el continente americano.

La admiración por esta familia ha crecido tanto en las últimas décadas que los biólogos las llaman individuos. Se les dice así porque se considera que hay una inteligencia genética que las distingue de muchas otras plantas. Un ejemplo de ello es que, a diferencia de lo que hacen otras plantas, los individuos no crecen más allá de los límites de humedad y de riqueza de los suelos, que les permiten sobrevivir. Es decir, los individuos se adaptan. Otra de sus características significativas es su capacidad para acumular y conservar agua.

Fue el llamado descubrimiento de América el que confrontó a los grandes botánicos de Europa con una realidad y riqueza natural diferente que sacudió sus conocimientos. Fue tan fuerte esta sacudida que algunos pensadores cayeron en tesis radicales y absurdas. La premisa era que lo europeo era indubitablemente superior a lo americano, lo cual hoy resulta insostenible.

Así, la riqueza natural de América recibió una primera lectura muchas veces fallida y en algunos casos despectiva. Por ejemplo, los volcanes eran símbolo de barbarie, las lluvias torrenciales y los pantanos hablaban de un territorio que en la excesiva humedad mostraba su atraso. No sólo en las plantas y animales, incluso la inteligencia de los habitantes era deficiente, lo cual podía ser contagioso.

Mención especial requiere Francisco Hernández, un médico ornitólogo y botánico español nacido alrededor de 1514 en los alrededores de Toledo.

Como los casos antes referidos, Hernández también se dedicó a la medicina habiéndose graduado en la Universidad de Alcalá. Posteriormente llegó a ser médico de la corte. Pero su formación científica lo llevaría por otros rumbos, cada vez más dedicaría su tiempo al estudio de la naturaleza.

Quizá fue por eso que Felipe II lo eligió para dirigir una expedición científica en América, en particular en el territorio de la Nueva España. En 1570, el rey lo nombró “Protomédico General de nuestras indias y tierra firme del mar océano”.

Hernández desembarcó en la Nueva España en 1572 y recorrió en particular el altiplano. Acompañado de botánicos, pintores, geógrafos y médicos indígenas, inició una formidable colección. Una vertiente muy particular de sus estudios, fue el de la herbolaria y las prácticas medicinales de los pueblos indígenas.

Durante los tres años que vivió en México coleccionó plantas de muy diversa índole y el equipo elaboró 38 volúmenes de dibujos y notas, incluidas algunas en náhuatl. Fue Hernández quién llevó a Europa el conocimiento sobre los múltiples usos que los indígenas le daban, entre muchas otras plantas, al maguey y el nopal.

Francisco Hernández nunca llegó a ver su obra publicada. Dada la extensión, Felipe II encargó una versión abreviada a un editor italiano. Los originales se conservaron en la biblioteca de El Escorial, pero un incendio en 1671 parece explicar su pérdida. Por ello, sólo se conocen fragmentos de su inmenso trabajo. La obra abreviada aparecería en 1651.

Fue otro médico, Casimiro Gómez Ortega quien, basado en el material del Colegio Imperial de los Jesuitas de Madrid, regresó a la obra de Hernández. Hernández describió centenares de pájaros, plantas y animales manteniendo los nombres en náhuatl. Probablemente lo hizo así por no encontrar una traducción adecuada.

Se sabe que tuvo conocimiento de las cactáceas y que las registró en su magna obra. Sin embargo, es imposible saber hasta dónde llegó su recopilación dada la pérdida de los originales.

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México y las cactáceas

De las dos mil especies registradas en el continente americano México tiene el privilegio y la responsabilidad de preservar casi mil de ellas. De hecho, nuestro país es considerado el centro de origen y diversificación de esta familia. El libro clásico al respecto es el de la bióloga Elia Bravo. Al igual que sus antecesores la doctora Bravo se inscribió en Medicina pero tuvo la fortuna de que un año después se abrió la carrera de biología. Entre sus maestros estuvieron Antonio Caso, Carlos Hoffman e Isac Ochoterena, al igual que Eduardo Caballero y Federico Mulleried.

A la doctora Bravo le tocó también ser pionera en la fundación del Instituto de Biología de la Universidad Nacional y se convirtió en la responsable del Herbario Nacional. Ya siendo maestra en ciencias biológicas de la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM, aportó el estudio “Contribución al conocimiento de las cactáceas de Tehuacán”, zona que ahora se ha convertido en una maravillosa Reserva Natural con cactáceas de dimensiones extraordinarias.

En 1937 se publicó LAS CACTÁCEAS DE MÉXICO siendo este libro el primer gran registro nacional de esta riqueza.

Es curioso, sin embargo, que en México no se haya desarrollado con la fuerza debida una cultura de admiración hacia las cactáceas. De hecho, la depredación en México es algo común que ocurre todos los días. Mientras en Europa su descubrimiento fue una conmoción, en México, en pleno siglo XXI sigue habiendo un vacío de conocimientos y aprecio por las mismas. Su aprovechamiento científico es muy escaso. De hecho, muchas de las investigaciones más importantes sobre esta familia han sido realizadas por extranjeros que vienen a nuestro país a buscar el conocimiento de adaptación y genética que se encuentra en ellas.

A pesar de que en nuestro escudo nacional hay una cactácea, el nopal, los jardines botánicos dedicados a las cactáceas se cuentan con los dedos de una mano. Una historia notable es la de una pareja de alemanes, los señores Schmoll quienes instalaron en Cadereyta, Querétaro un vivero para el cuidado y reproducción de cactáceas. Si el hecho en sí es excepcional, la fecha de la fundación 1920, es asombrosa.

Fernando Schmoll, un pintor, y su esposa Carolina Wagner, bióloga de profesión, tuvieron el acierto de crear una institución pionera en México para la conservación y conocimiento de las suculentas y las cactáceas.

Esto ocurrió en la segunda década del siglo XX. El vivero sigue abierto y es administrado por los descendientes de la bióloga. Es un referente obligado en la historia de las cactáceas en nuestro país. En 1991, setenta años después de que los señores Schmoll se percataran de la riqueza de las cactáceas y de la necesidad de protegerlas y reproducirlas, el gobierno del estado de Querétaro abrió allí mismo, en Cadereyta, un espléndido jardín botánico. La visita a Cadereyta, cerca de la Peña de Bernal es altamente recomendable.

Quizá una de las explicaciones de por qué los mexicanos hemos dado la espalda a las cactáceas se encuentra en una superstición. En algunas zonas de nuestro país se afirma que no debe haber cactáceas o espinas dentro de una casa.

Como toda superstición no hay ningún motivo concreto para afirmar tal cosa. De hecho, en Europa cada vez más personas desean tener cactáceas en sus casas, pues son acompañantes muy leales que casi no requieren cuidados, que soportan temperaturas muy altas o muy bajas. Incluso da tranquilidad saber que uno puede dejar a un ser vivo en su casa durante muchos meses sin que los individuos sufran la menor merma. De ahí el crecimiento de la demanda de cactáceas que son dejadas a su suerte en departamentos o en áreas públicas durante los largos y obscuros inviernos de los países escandinavos o de los veranos ardientes de las mismas latitudes. Por eso también, en los últimos años, las autoridades encargadas de las áreas públicas utilizan cactáceas como plantas de ornato que no requieren mantenimiento alguno.

Depredación. Contradicción entre supervivencia y acoso.
Echinocactus Grusonii
Humus
Bienvenido
¡Conservemos cactáceas!
Humus Recuperación y Desarrollo del Entorno S.P.R de R.L

Origen

Usted está adquiriendo una especie que fue descrita por Hildmann en 1891. Es conocida como “Barril Dorado”, “Asiento de Suegra”.

Está catalogada en la Norma Oficial Mexicana NOM- 059-SEMARNAT-2010, como una Especie en “Peligro de Extinción” y por la Lista Roja de la IUCN de especies amenazadas (2002) como una especie “En Peligro Crítico”. Son, cactáceas que pertenecen al grupo de plantas xerófitas, es decir, están adaptadas para vivir en ambientes con estrés hídrico, pues a lo largo de su evolución han adquirido características adaptativas que les permiten soportar prolongados períodos de sequías sin mayores problemas y condiciones ambientales extremas. Algunas de las características que han adquirido son: la transformación de hojas a acúleos (espinas altamente modificadas), desarrollo de cutículas gruesas, metabolismo CAM (durante el día los estomas permanecen cerrados y durante la noche se abren para realizar el intercambio gaseoso), algunas desarrollan tricomas que cubren los tallos, otras secretan ceras que cubren el tejido epidérmico. Estas características evitan la pérdida de agua por evapo-transpiración. El desarrollo de un tejido parénquimatico de almacenamiento que está altamente adaptado para almacenar agua y nutrientes que la planta utiliza durante la época de sequía, su hipodermis, tejido colenquimático con paredes celulares primarias engrosadas, sus cutículas gruesas y el tejido suberoso les protegen contra agentes patógenos.

Echinocactus grusonii es una especie endémica de México. Se distribuye en la Barranca del Infiernillo, en el municipio de Cadereyta del estado de Querétaro, ubicada en los límites entre Hidalgo y Querétaro.

La encontrará usted en los jardines botánicos más importantes del mundo, igual en Río de Janeiro que en Marruecos o Singapur, como algo sobresaliente de la flora mundial. Llegan a crecer de forma admirable. Su comercio ilegal ha dañado mucho la especie. El individuo que tiene usted en sus manos ha sido reproducido y desarrollado de acuerdo a las normas mexicanas para garantizar su supervivencia inducida. Se trata de un tesoro de la naturaleza.

Factores a Considerar Para el Manejo de los Cactus

Los grusoniis requieren de poco mantenimiento y cuidados, sin embargo de manera individual dependen de su capacidad para adaptarse a un cambio de condiciones ambientales. Para que siempre estén sanas y se pueda admirar su belleza de manera permanente, es importante aprender a observarlas y detectar los posibles cambios que se lleguen a presentar, para con esto encontrarles el mejor lugar de su desarrollo en casa.

Luz: Los Echinocactus grusonii que se comercializan en GRU-MEX viven totalmente expuestos a la luz solar sin que esto les afecte, ya que su proceso de adaptación es de varios años.

Para el caso de planta pequeña o no adaptada, si se detecta un cambio de coloración en el tallo, por ejemplo, de verde a tonalidades obscuras entre grisáceas y negruzcas, entonces el exceso de luz les está quemando. De inmediato se debe colocar la planta en un lugar con menor cantidad de luz. Si se detectan tonalidades amarillentas, entonces tienen un poco de exceso de luz que no llega a quemarlos.

Sombra: Se recomienda colocar las plantas en lugares poco sombreados, ya que el exceso de sombra provoca que las plantas crezcan alargadas, incluso muchas de ellas llegan a perder la forma típica de sus tallos. Si se detecta un alargamiento inusual, de inmediato colocarlas en un sitio con mayor cantidad de luz.

Temperatura: Durante el invierno su metabolismo disminuye y en época de calor se incrementa, con esto la planta inicia el período de crecimiento. En condiciones de cultivo es conveniente tener las plantas en los espacios del hogar con mayor calor para favorecer su crecimiento, es recomendable en lugares donde la temperatura sea de 20 a 30 °C.

Agua: La aplicación del agua es crítica, si se les agrega poca agua, su crecimiento disminuye y si se aplica agua en exceso, se corre el riesgo de que se pudran y mueran. Por lo tanto se recomienda aplicar riego moderado, el cual puede ser una vez cada semana o quince días. El riego depende incluso de las condiciones ambientales, es decir, en épocas de lluvias se recomienda regar cada dos a tres semanas ya que en el ambiente hay humedad, en época de sequía regar cada semana y en invierno regar solo una vez por mes.

El material de la maceta

Todos los contenedores, del material que sea, deben tener un dren en la parte inferior. El gran enemigo de los individuos es la acumulación de agua sin salida.

Las macetas de plástico retienen más tiempo el agua que las de barro, las de vidrio aumentan demasiado la temperatura, las de madera son frescas pero retienen la humedad. Para interiores es adecuada una maceta de cerámica. En exteriores se puede usar cualquier tipo.

El sustrato

Lo ideal es el sustrato con buen drenaje, esto es, que permita un rápido paso de agua y que no la retenga demasiado, sin materia orgánica perceptible (sin hojarasca, sin agrolita, sin zeolita), y muy poroso. Una mezcla de tepojal, grava de construcción y tierra arcillo-arenosa, permite buena aireación para las raíces y buen drenaje.

Los fertilizantes

Son elementos químicos básicos para la nutrición de la planta. En el caso de los macroelementos (NPK) son consumidos en gran cantidad por éstas y la falta de alguno de ellos puede traer consigo un mal crecimiento. De la misma manera, un exceso puede provocar bloqueos que impiden la absorción de éstos por las plantas. Una fórmula recomendada para esta especie es 10-30-20.

Podríamos utilizar el Nitrofoska foliar 25-10-17.5+1.5 y aplicar cada 6 meses, con esto adicionamos también microelementos.

El trasplante

Es difícil estimar un promedio anual de crecimiento en el diámetro de la planta. Depende de las condiciones, los cuidados –que son pocos–, de las temperaturas extremas, nieve, hielo o calor por arriba de los 35º. Debido a esto se recomienda usar maceta con una profundidad no menor a 12 cm, y hasta 40 cm, o si el trasplante se va a realizar a suelo directo se debe considerar que dentro de algunos años el cactus va a tener un tamaño mucho mayor, en diámetro y altura. Recordemos que los individuos frenan su crecimiento cuando el espacio es reducido, sobre todo cuando la profundidad es muy corta y lo aceleran cuando perciben mejores condiciones.

El punto crítico para el manejo de cactus es el trasplante. Cambiarlos de una maceta o contenedor a otro, debido a su crecimiento, provoca heridas pequeñas que llegan a infectarse de hongos. Eso junto con un exceso de humedad en el sustrato o el ambiente puede diseminar la enfermedad.

Al respecto se recomienda, sobre todo en plantas grandes que se van a transportar, hacerlo con la raíz desnuda (sin sustrato), que no lleve humedad (rocío, lodo), esperar aproximadamente ocho días a que cicatricen las heridas en la raíz y sólo entonces realizar el trasplante. A diferencia del trasplante de otras especies no es necesario regar la planta se debe esperar a que el cactus desarrolle nuevamente sus raíces, aproximadamente 10 a 20 días, para realizar un primer riego.

Otra opción, cuando no hay daño aparente en las raíces, es aplicar algún fungicida comercial o bien alguno orgánico como té de manzanilla, flor de azufre o azufre líquido asperjado a la raíz y hacer el trasplante sin riego hasta 10 ó 20 días después. Con la raíz desnuda y desinfectada, puede durar 4 o 5 meses sin merma.

¡Son fantásticos!

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Grusonii para su negocio

El Echinocactus grusonii puede estar presente en cualquier espacio ya sea como un elemento ornamental o como un compañero, puede vivir muchos años y llegar a crecer más de un metro de altura.

Lo podemos encontrar en los jardines botánicos más importantes del mundo, igual en Río de Janeiro que en Marruecos o Singapur, como algo sobresaliente de la flora mundial. También es posible encontrarlo en la decoración externa o interna de oficinas, departamentos, edificios o corporativos.

Es una planta de fácil y accesible mantenimiento, cuya producción se ha visto dañada por el comercio ilegal colocándola como una especie en peligro de extinción, debido a lo anterior en Grumex nos damos a la tarea de incentivar su adquisición apegados a las normas mexicanas que rigen su compraventa.

Llenando un vacío

Muchas de las cactáceas pueden convertirse en plantas centenarias y llegar a medir hasta diez metros de altura en el caso de los columnares o a tener 2 metros de ancho en las variedades que tienden a ser redondas.

Cuando el ser humano se acompaña de una cactácea lo más probable es que ésta lo vea morir. Por más que la esperanza de vida se haya incrementado notablemente, las cactáceas nos llevan una enorme ventaja. Serán testigos de nuestras vidas y de las de nuestra descendencia.

La familia Cactaceae agrupa una gran diversidad de plantas entre las que destacan los cactus columnares (viejitos y tetechos, los cactus candelabriformes, es decir con forma de candelabro, como los cardones, los órganos y las pitayas y las llamadas biznagas).

También hay trepadoras como los nopalillos. Los frutos de las pitayas y las biznagas, así como una gran variedad de nopales y sus frutos son comestibles. Se trata de grandes familias con cientos de variantes, como dice Nuria Penalva en su libro CACTUS y PLANTAS SUCULENTAS “conviene saber que todos los cactus son plantas suculentas, pero no son cactus todas las suculen tas”. Muchas cactáceas florean de forma maravillosa y con colores muy brillantes.

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